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domingo, 8 de marzo de 2020

El 8 de marzo "Día de la mujer" explicado a niños y adolescentes



Hoy toca un poco de historia. Conocer y entender para conseguir la igualdad.

En este artículo incluyo dos vídeos que explican el porqué de las celebraciones del 8 de marzo "Día de la mujer". Momento adecuado para compartir y reflexionar con nuestras hijas e hijos.
Comparto dos vídeos, para que podáis verlos según la realidad de vuestra familia.

¡Porque la IGUALDAD deje de ser algo soñado y reivindicado, para que sea por fin una realidad!











viernes, 28 de agosto de 2015

¿Habéis sobrevivido a las vacaciones en familia?






Las vacaciones… ¡Ese tan ansiado momento!.
Momento para descansar, desconectar, disfrutar…

Esas son las expectativas que todos tenemos de las vacaciones. Pero luego está la realidad: agobios, frustraciones, discusiones, conflictos…

Porque nuestras expectativas y las del resto no siempre son compatibles.
Todos queremos vacaciones, pero no siempre coincidimos en el destino soñado. O puede que coincidamos en el destino, pero está la realidad económica.
Todos queremos descansar, pero hay quien siente que no descansa, al tener que atender a toda la familia. Porque no siempre hay un reparto equitativo de roles durante las vacaciones. Y la persona con más carga de tareas domésticas piensa: ¿Cuándo descanso yo?. ¿Para cuándo mis vacaciones?.



Todos queremos disfrutar, tener nuestro espacio de descanso, de paz, sin obligaciones, ni agobios, seguir nuestro propio ritmo…


Pero la convivencia no siempre es fácil. ¡Y menos cuando estamos 24 horas juntos!. Da igual que sea con tu pareja, tu familia o tus amigos. ¡Todos necesitamos de nuestros espacios!. Una convivencia intensa, donde hay que adaptarse a otros ritmos y formas de hacer, a otras manías, rutinas y otros puntos de vista. Lo que acaba generando desacuerdos y roces que desembocan en estrés, tensiones y conflictos.

Porque a veces nos cuesta adaptarnos a nuevas rutinas y roles. O porque estamos acostumbrados a vivir solos y tanta compañía llega a estresar y asfixiar. O bien porque durante el curso, las obligaciones laborales, personales y familiares hacen que no compartamos tanto tiempo junto a nuestra pareja. Por lo que la convivencia vacacional nos llega a agobiar. O porque esas obligaciones nos tienen tan ocupados, que en realidad no hay tiempo para resolver los conflictos que van surgiendo durante el curso. Por lo que esos conflictos se arrastran, se tapan con otras preocupaciones. Pero durante las vacaciones reaparecen, con la convivencia continua y la cercanía.  
O porque decidimos pasar las vacaciones con la familia extensa, pero al cabo de los días surge la necesidad de marcar límites por parte de todos. Sentimos la necesidad de defender nuestros espacios, opiniones, decisiones, formas de hacer… Llegándonos a sentir cuestionados, juzgados, no valorados, utilizados… Se pierde la paciencia y ya no hay tanta tolerancia ni respeto como al principio…

O porque las vacaciones, al ser un momento de parar y hacer balance de nuestro año, salen nuestras frustraciones personales, laborales, familiares... Por lo que nos volvemos más irascibles y susceptibles. Lo que no facilita la convivencia.
  

Además de la presión añadida, con el pensamiento de que  “las vacaciones son para disfrutar de la familia”.
Y cuando no se cumplen las expectativas que traíamos en la maleta, aumenta nuestra frustración, surgiendo más recriminaciones y conflictos.




Son momentos en los que hay que aprender a adaptarse y flexibilizarse. Es normal que se discuta. El problema está cuando hay conflictos no resueltos.
Las crisis son oportunidades de crecimiento. Los conflictos nos dan la oportunidad de reflexionar, evaluar, cambiar lo que no nos gusta  y recomenzar.
La dificultad está en saber manejar las emociones que surgen tras una discusión, un conflicto o un cambio. ¡Ese es el reto de toda pareja o familia!. 
Las fortalezas de una familia están en adquirir las competencias y habilidades a nivel individual y de grupo, para afrontar situaciones adversas o de estrés, identificar las necesidades y encontrar soluciones a los problemas.
Es decir, adquirir las herramientas que contribuyan a mantener la armonía y cohesión familiar, a pesar de las dificultades.

Y dentro de esta mochila de herramientas, encontramos la inteligencia emocional y la capacidad de resiliencia. Aspectos que abordaré en próximos artículos.

























Alicia Martín Martín



martes, 14 de abril de 2015

La importancia de conservar nuestro espacio






En las relaciones familiares, uno de los grandes retos que se nos presentan, es cómo conservar el espacio personal dentro de ese enjambre llamado dinámica familiar.





Conocemos a una persona que nos hace sentir especiales y por la que nos animamos a desarrollar nuestro mejor “yo”.  Decidimos que queremos que sea nuestro compañero o compañera de viaje. Y nos embarcamos con mucha ilusión en un proyecto en pareja, que se convierte en proyecto de familia.
Pero con el paso del tiempo, con las obligaciones diarias, las dificultades que nos encontramos en cada etapa, el cansancio, los miedos, los agobios… esa ilusión inicial se va apagando.


Y sin saber cómo, también nos perdemos a nosotros mismos.
Porque además de ser madres/padres o pareja, somos personas. Pero en el día a día, hemos perdido nuestra esencia como individuos. Hemos pasado a ser solo “mamá” o “papá”. Incluso el espacio de pareja se ve afectado. ¿Cuántas veces os dedicáis un tiempo a estar realmente en pareja?. Y no me refiero solo al tan esperado momento en el que los niños se van a la cama y por fin… ¡¡podéis dormir!!.

Es importante que cuidemos esos espacios de pareja, pero sobre todo, es importante que cuidemos los espacios propios. Donde solo estemos con nosotros mismos. Bien sea recuperando aquello que dejamos de hacer, una vez nos iniciamos en ese proyecto de familia. O bien sea no haciendo nada. Simplemente el permitirnos tumbarnos, escuchar música y recuperar sueños.


A veces, esa dinámica del día a día nos mete en una rueda que arrastra de nosotros, sin ni siquiera darnos cuenta de cómo estamos.
Y cuando nos desconectamos de nosotros mismos, es cuando dejamos de ser capaces de disfrutar. Porque ni siquiera somos capaces de valorar lo que hacemos y tenemos.




Cada uno que reflexione cuánto tira esa rueda de vosotros, y cuánto margen le dejáis para que os arrastre.
Yo os invito a parar un momento y reencontraros. A recuperar sueños e identidad. Y si hace falta… a reinventaros.





                                                                                                            Alicia Martín Martín      

jueves, 12 de marzo de 2015

¿Sabemos comunicarnos?





No deja de sorprenderme cada vez que miro a mi alrededor, el constatar que a pesar de estar en una cultura digital, donde tenemos al alcance numerosos canales para comunicarnos con los demás, estamos perdiendo la capacidad para hablarnos y escucharnos.




Continuamente estamos conectados con los demás, tenemos múltiples conversaciones en paralelo con el wassap, somos capaces de hablar a la vez por movil y por chat…
Las nuevas tecnologías nos permiten contactar con gente que está a miles de kilómetros de distancia al instante. Nos permiten reencontrar antiguos amigos o compañeros de colegio...




Y sin embargo, nos olvidamos de hablar con la persona que tenemos al lado. Ya no sabemos hablar mirándonos a la cara. Ya no sabemos dedicarle la atención que esa persona necesita y se merece. Ya no sabemos estar al lado de esa persona, aunque sea en silencio, sin hacer nada más, simplemente disfrutando de esa intimidad.



Y en aquellos casos en los que sí buscamos ese momento para conversar, no siempre sabemos o nos atrevemos a compartir nuestras preocupaciones y miedos.
Nos es más fácil expresarnos tras la pantalla del ordenador o móvil. Nos refugiamos en ese escudo protector, que evita que los demás detecten nuestros sentimientos, permitiéndonos elegir muy bien nuestras palabras antes de enviar el mensaje. Nos permite coger el suficiente valor, como para decir a esa persona lo que sentimos… y sin embargo ¿nos atreveríamos a decírselo cara a cara?. ¡Parece tan fácil la comunicación así!. Pero… ¿lo es de verdad?.
¿Cuántos de vosotros no habéis experimentado algún malentendido, enfado, distanciamiento, por algo dicho en un sms?. O por una respuesta que nunca llegó porque no se leyó, o porque la otra persona no entendió que se esperaba una respuesta por su parte.
¿Es realmente tan fácil la comunicación digital?. ¿Nos solemos sentir escuchados?. ¿Podemos identificar realmente los sentimientos de la otra persona?.



La comunicación no solo son palabras dichas o escritas. Para su verdadera comprensión tienen que ir acompañadas de emoción, transmitida con un tono de voz determinado, una mirada, una postura corporal…
 Pero la comunicación, aun siendo cara a cara, no siempre es fácil.
¿Cuántas veces hemos oído la frase de “me siento solo aún estando rodeado de gente”?. ¡¡Y qué cierta es!!.



No todo el mundo tiene a alguien con quien realmente pueda compartir sus sentimientos más profundos. No todo el mundo se siente realmente escuchado o comprendido cuando consigue compartir sus miedos.
Porque no hemos aprendido a escuchar de verdad, a hacer una escucha activa. Y porque no nos atrevemos a expresar del todo nuestros pensamientos y sentimientos, cuando estos no son “socialmente aceptados”. Estamos en una sociedad donde hay que aparentar que todo va bien, para ser aceptado, ser exitoso y conseguir la felicidad.


Sin embargo, todos tenemos miedos y sentimientos contradictorios. Todos sufrimos de una u otra manera ante las frustraciones vitales. Y encima no podemos permitirnos expresarlo, porque al hacerlo recibimos la coletilla de “no es para tanto”, “no hay que llorar por eso”, “hay que ser fuerte”, “hay gente en peores circunstancias”…
¿Esas frases realmente consuelan?. ¿O encima nos autocensuramos por tener esos pensamientos?.


Hay gente que consigue encontrar vías para canalizar esos sentimientos temporalmente (correr, nadar, gritar,...). Pero al no compartir ese miedo, enfado, frustración… el sentimiento no desaparece del todo. Solo se adormece, como un cocodrilo esperando la siguiente situación para atacar de nuevo...



¡Qué difícil es reconocer qué te está pasando y encima encontrar las palabras adecuadas para expresarlo!. ¡Qué difícil es realmente encontrar gente que nos haga sentir escuchados y comprendidos!.  
Pero por suerte, todo se puede aprender… La comunicación y la inteligencia emocional se pueden mejorar.



¿Y tu?. ¿Sabes realmente escuchar y acoger las emociones de otras personas?. ¿Sabes identificar y expresar las tuyas?. ¿O eres de los que se ocupan el tiempo y la mente para no pensar?. 





                                                                                                               Alicia Martín Martín