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martes, 14 de abril de 2015

La importancia de conservar nuestro espacio






En las relaciones familiares, uno de los grandes retos que se nos presentan, es cómo conservar el espacio personal dentro de ese enjambre llamado dinámica familiar.





Conocemos a una persona que nos hace sentir especiales y por la que nos animamos a desarrollar nuestro mejor “yo”.  Decidimos que queremos que sea nuestro compañero o compañera de viaje. Y nos embarcamos con mucha ilusión en un proyecto en pareja, que se convierte en proyecto de familia.
Pero con el paso del tiempo, con las obligaciones diarias, las dificultades que nos encontramos en cada etapa, el cansancio, los miedos, los agobios… esa ilusión inicial se va apagando.


Y sin saber cómo, también nos perdemos a nosotros mismos.
Porque además de ser madres/padres o pareja, somos personas. Pero en el día a día, hemos perdido nuestra esencia como individuos. Hemos pasado a ser solo “mamá” o “papá”. Incluso el espacio de pareja se ve afectado. ¿Cuántas veces os dedicáis un tiempo a estar realmente en pareja?. Y no me refiero solo al tan esperado momento en el que los niños se van a la cama y por fin… ¡¡podéis dormir!!.

Es importante que cuidemos esos espacios de pareja, pero sobre todo, es importante que cuidemos los espacios propios. Donde solo estemos con nosotros mismos. Bien sea recuperando aquello que dejamos de hacer, una vez nos iniciamos en ese proyecto de familia. O bien sea no haciendo nada. Simplemente el permitirnos tumbarnos, escuchar música y recuperar sueños.


A veces, esa dinámica del día a día nos mete en una rueda que arrastra de nosotros, sin ni siquiera darnos cuenta de cómo estamos.
Y cuando nos desconectamos de nosotros mismos, es cuando dejamos de ser capaces de disfrutar. Porque ni siquiera somos capaces de valorar lo que hacemos y tenemos.




Cada uno que reflexione cuánto tira esa rueda de vosotros, y cuánto margen le dejáis para que os arrastre.
Yo os invito a parar un momento y reencontraros. A recuperar sueños e identidad. Y si hace falta… a reinventaros.





                                                                                                            Alicia Martín Martín      

jueves, 12 de marzo de 2015

¿Sabemos comunicarnos?





No deja de sorprenderme cada vez que miro a mi alrededor, el constatar que a pesar de estar en una cultura digital, donde tenemos al alcance numerosos canales para comunicarnos con los demás, estamos perdiendo la capacidad para hablarnos y escucharnos.




Continuamente estamos conectados con los demás, tenemos múltiples conversaciones en paralelo con el wassap, somos capaces de hablar a la vez por movil y por chat…
Las nuevas tecnologías nos permiten contactar con gente que está a miles de kilómetros de distancia al instante. Nos permiten reencontrar antiguos amigos o compañeros de colegio...




Y sin embargo, nos olvidamos de hablar con la persona que tenemos al lado. Ya no sabemos hablar mirándonos a la cara. Ya no sabemos dedicarle la atención que esa persona necesita y se merece. Ya no sabemos estar al lado de esa persona, aunque sea en silencio, sin hacer nada más, simplemente disfrutando de esa intimidad.



Y en aquellos casos en los que sí buscamos ese momento para conversar, no siempre sabemos o nos atrevemos a compartir nuestras preocupaciones y miedos.
Nos es más fácil expresarnos tras la pantalla del ordenador o móvil. Nos refugiamos en ese escudo protector, que evita que los demás detecten nuestros sentimientos, permitiéndonos elegir muy bien nuestras palabras antes de enviar el mensaje. Nos permite coger el suficiente valor, como para decir a esa persona lo que sentimos… y sin embargo ¿nos atreveríamos a decírselo cara a cara?. ¡Parece tan fácil la comunicación así!. Pero… ¿lo es de verdad?.
¿Cuántos de vosotros no habéis experimentado algún malentendido, enfado, distanciamiento, por algo dicho en un sms?. O por una respuesta que nunca llegó porque no se leyó, o porque la otra persona no entendió que se esperaba una respuesta por su parte.
¿Es realmente tan fácil la comunicación digital?. ¿Nos solemos sentir escuchados?. ¿Podemos identificar realmente los sentimientos de la otra persona?.



La comunicación no solo son palabras dichas o escritas. Para su verdadera comprensión tienen que ir acompañadas de emoción, transmitida con un tono de voz determinado, una mirada, una postura corporal…
 Pero la comunicación, aun siendo cara a cara, no siempre es fácil.
¿Cuántas veces hemos oído la frase de “me siento solo aún estando rodeado de gente”?. ¡¡Y qué cierta es!!.



No todo el mundo tiene a alguien con quien realmente pueda compartir sus sentimientos más profundos. No todo el mundo se siente realmente escuchado o comprendido cuando consigue compartir sus miedos.
Porque no hemos aprendido a escuchar de verdad, a hacer una escucha activa. Y porque no nos atrevemos a expresar del todo nuestros pensamientos y sentimientos, cuando estos no son “socialmente aceptados”. Estamos en una sociedad donde hay que aparentar que todo va bien, para ser aceptado, ser exitoso y conseguir la felicidad.


Sin embargo, todos tenemos miedos y sentimientos contradictorios. Todos sufrimos de una u otra manera ante las frustraciones vitales. Y encima no podemos permitirnos expresarlo, porque al hacerlo recibimos la coletilla de “no es para tanto”, “no hay que llorar por eso”, “hay que ser fuerte”, “hay gente en peores circunstancias”…
¿Esas frases realmente consuelan?. ¿O encima nos autocensuramos por tener esos pensamientos?.


Hay gente que consigue encontrar vías para canalizar esos sentimientos temporalmente (correr, nadar, gritar,...). Pero al no compartir ese miedo, enfado, frustración… el sentimiento no desaparece del todo. Solo se adormece, como un cocodrilo esperando la siguiente situación para atacar de nuevo...



¡Qué difícil es reconocer qué te está pasando y encima encontrar las palabras adecuadas para expresarlo!. ¡Qué difícil es realmente encontrar gente que nos haga sentir escuchados y comprendidos!.  
Pero por suerte, todo se puede aprender… La comunicación y la inteligencia emocional se pueden mejorar.



¿Y tu?. ¿Sabes realmente escuchar y acoger las emociones de otras personas?. ¿Sabes identificar y expresar las tuyas?. ¿O eres de los que se ocupan el tiempo y la mente para no pensar?. 





                                                                                                               Alicia Martín Martín      

jueves, 18 de diciembre de 2014

Acompañamiento

Acompañar, consiste en ponerse al lado de alguien, persona o grupo, para que, a partir de sus necesidades, realice un itinerario de crecimiento personal y social. Acompañar es estimular a cada persona y al grupo de referencia para que construya su propio proyecto.

"Fue el tiempo que pasaste con tu rosa 
lo que la hizo tan importante.”
(Libro: El Principito)

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿Te atreves a soñar?


¿Por qué "Reinventándonos"?

       
       Habitualmente, solemos preferir contextos que nos sean conocidos, que nos den estabilidad, ya que así sabremos cómo comportarnos ante situaciones parecidas. No siempre eso es lo que más felicidad nos aporta, pero nos da tranquilidad y equilibrio. Para ello repetimos conductas, tomamos decisiones parecidas una y otra vez… Aunque sabemos que no siempre seguir esos comportamientos o tomar esas decisiones es lo más positivo para nosotros, nos aferramos a lo conocido, a lo que en algún momento nos funcionó.

Sin embargo, la vida está en constante cambio. 
Las personas y las situaciones cambian. 
Evolucionamos y tenemos necesidades diferentes. 
Actitudes adoptadas en anteriores circunstancias, dejan de sernos útiles, o dejamos de sentirnos a gusto con esos comportamientos, o con esos roles que nos hemos adjudicado en la familia, en el grupo de amigos, en el trabajo…


En esos momentos sentimos un desequilibrio, un desajuste, llegando a poder vivirlo como un momento de crisis con nuestro estilo de vida, con las relaciones que mantenemos, con nosotros mismos.
Y nuestras alarmas se disparan, porque ya no sabemos cómo afrontar situaciones cotidianas. Creemos que nos hemos vuelto débiles, que la situación nos supera y no somos capaces de afrontarla.
Pero es porque estamos valorando esta situación de crisis como algo negativo.
Al tratarse de una situación nueva, se requiere de habilidades nuevas para superar esa determinada etapa vital. La falta de estas habilidades es lo que nos puede hacer sentir estancados en ese estado evolutivo.


Sin embargo, una situación de crisis es una oportunidad de cambio y crecimiento. Las crisis son necesarias para el desarrollo de una persona. Cualquier dificultad en nuestro recorrido vital supone un desafío a superar, lo que nos dotará de nuevas habilidades y estrategias de afrontamiento.

No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba”. Séneca.
El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo”. Antoine de Saint-Exupery.

Por lo tanto, atrevámonos a afrontar nuevas situaciones, a aprender nuevas estrategias, a identificarnos con nuevas identidades más ajustadas a quiénes somos hoy en día.



¡¡Atrevámonos a re-conocernos 
no dejemos de seguir reinventándonos!!




                                                                                                   Alicia Martín Martín

REINVENTÁNDONOS - Orientación Familiar y Educativa